Yearly Archive 2013

Cómo superar la muerte de mi padre

Hace dos meses ya. El tiempo pasa lento pero a la vez deprisa, es algo extraño. Pero ahí está. El último post que escribía en mi blog se lo dedicaba a él. Lo veía débil, ese día nos habían dicho que iban a darle el alta y se lo habíamos comunicado. Todo estaba listo para comenzar con la mejoría. Para seguir luchando…pero a veces la vida se acaba sin esperarlo. Creo que nunca nadie me podrá borrar esa sensación cuando la doctora del Centro de Salud de Rincón me comunicó lo que había ocurrido. Da igual el tiempo que pase, si meses o años, siempre va a estar ahí ese sentimiento de derrumbe personal, de decepción por haber fracasado. Como dice Grollman en su libro ‘Vivir cuando un ser querido ha muerto’, con la pérdida de él, se ha muerto una parte de mí.

Yo aún estoy en el camino de intentar superarlo, soy sólo una aprendiz del duelo. Pero hace dos días algo cambió en mi mente. Dicen que el duelo va por etapas y mientras volvía del trabajo, apaciguada como de costumbre estos meses, decidí que esto no va a poder conmigo. Decidí que iba a volver a estudiar, a diseñar, a escribir, como hacía antes de que toda esta pesadilla comenzase. Tengo claro que pasaré muchos más días de lágrimas, como las que estoy echando ahora. Tengo claro que mi duelo no acaba aquí. Tengo claro que esto es lo peor que me ha pasado nunca y que él era demasiado importante, como para que yo esté bien en tan sólo dos meses.

Pero hoy no me da verguenza admitir que efectivamente estoy mal. Que perdí a mi padre y eso me hace ser más vulnerable. Y lo escribo porque creo que como siempre, puede ayudar a otras personas que están pasando por lo mismo. En estos casos, los consejos pueden estar ahí, pero cada uno vivimos la pérdida como podemos. Yo cuento mi experiencia. Y reconozco que la mitad, por no decir, todos estos consejos, no los he cumplido. Pero ahí van:

1. Tómate tiempo para sentirte triste: en mi caso, no lo cumpli. En seguida volví al trabajo y me hice la fuerte. Contaba que mi padre se había ido, como el que cuenta que se está comiendo un bocadillo. Un error garrafal. Me empeñé en que si la gente no me veía triste, igual no lo estaba tanto. Algo totalmente equivocado.Es imposible estar bien cuando has perdido a alguien importante. Admítelo y el duelo será más fácil.

2. Pide ayuda: tampoco lo cumplí, o no a todo el mundo que a lo mejor me hubiera podido ayudar. Sólo mi pareja sabe lo mal que lo he pasado (y sigo pasando) y en la mayoría de los días me he escondido para llorar, para reflejar mi tristeza. ¿Por qué? Porque nunca me gustó que nadie me viera mal. No te lo aconsejo si estás pasando por lo mismo.En mi caso, me hace tener un poco de ansiedad por las noches y dormir mal (los que me conocen saben que soy una marmota y eso me afecta mucho). Si ves que necesitas ayuda, díselo a tus seres queridos y antes de automedicarte, con cosas que te den —algo que la gente es muy propensa a hacer— ve a tu doctora de cabeza y le cuentas lo que te pasa. Yo poco a poco estoy recuperando mi sueño habitual, eso me hace estar mejor conmigo misma.

3. Permítete llorar: importante. La semana después de que mi padre falleciera, no solté ni una lágrima. Era como si no hubiera ocurrido. A la semana empecé a darme cuenta de lo que había pasado. Yo he elegido llorar en soledad. Da igual como lo hagas, pero creo que es necesario expresar tu tristeza. Así que llora. No te comportes como si no hubiera pasado nada, porque tu vida ha cambiado y es importante dejar que el cuerpo se habitúe a ese cambio.

4. Permítete reir, disfrutar, salir, viajar, escribir, dibujar, hacer las cosas que te hacen feliz. Durante estos meses he creído que eso sería una falta de respeto. A veces no tenía ganas, y otras simplemente no quería hacerlo por no herir a otras personas. También es un error. Al igual que llorar, es necesario volver a hacer las cosas que te hacen feliz porque sino, es posible que caigas en una depresión.

5. Confía en tí para salir adelante: además de confiar en tus seres más queridos, llámese pareja, madre, hermanos, amigos….debes confiar en tí. Eso lo había perdido, pero creo que poco a poco lo iré recuperando.

No sé si este post ayudará a alguien, pero por lo menos es mi primer paso en el cuarto punto. Voy a volver a escribir y a hacer las cosas que me hacen feliz. Y ese es un gran paso del camino. Los que habéis pasado o estáis pasando por lo mismo, me entenderéis.

Y por último, gracias a los que me habéis acompañado en el dolor. Gracias a esos amigos que siempre están y sobre todo, a mi familia y mi pareja. Porque sin ellos, igual también sería posible, pero sería simplemente mucho más dificil.

A mi padre…

No recuerdo el día exacto. Me pasa con las cosas importantes. Sólo sé que hoy te he mirado a los ojos mientras dormías, y he notado que algo, algo muy gordo, ha cambiado.

Recuerdo los paseos con mi bolso rosa, que me regalaste una de las veces que pisamos Rincón por primera vez. Te recuerdo a ti acomodándome la mochila a la espalda, cuando aún no levantaba dos palmos del suelo, para emprender el camino hacia el autobús del colegio. Cierro los ojos y te veo cantando gol junto a mi hermano en aquellos partidos donde Mijatovic era imprescindible y donde mi hermano siempre decía que la salvación del Madrid estaría en sacar a Fernando Sanz al campo y que lesionaran al mejor jugador del contricante. Me acuerdo de aquel día, ese en el que estuve tan mala con la gripe estomacal, y tú te quedaste sentado en el filo de mi cama, solitario, pensante, en la retaguardia.

Y hoy sin embargo, noto que algo ha cambiado. Siento como si un jarrón se cayera poco a poco, mientras vislumbro que al final se romperá en añicos. Y a pesar de todo, sigo teniendo la esperanza de poderlo salvar. De pegar un brinco, saltar y agarrarlo en mis brazos como  cuando agarras a un bebé por primera vez. Sólo espero llegar a tiempo, sin que nada se desbarate.

Porque realmente aún no estoy preparada para dejar que el jarrón se rompa. Aún no. Aún soy esa niña que llora porque la castigas sin piscina, lo que pasa que mis lágrimas esta vez son por ese vacío que nos acompaña desde hace más de un mes. Sólo te pido que luches, lucha con todas tus fuerzas. Porque yo aún te necesito.

Para mi padre…

Porque simplemente esta noche, tenía la necesidad de decirlo.